sábado, 26 de enero de 2013

Roumsey, Historia de un coprofago


Desde que estaba iniciando la primaria, los niños lo miraban con desprecio, hasta asco en algunas ocasiones. Era un niño que había nacido con un tumor benigno, el cual poco a poco iba deformando su cabeza. Toda su vida en la primaria estuvo llena de insultos y apelativos para nada agradables, lo curioso fue que desde pequeño sentía placer, gozo, una sensación sublime al practicar la coprofagia.

A mediados de la secundaria tuvo un accidente al trepar un árbol, se golpeó la testa y la protuberancia en el lado derecho de su cabeza se acentuó mucho más y como consecuencia, en los días posteriores, los apodos en el colegio se multiplicaron, a partir del incidente, ni sus padres ya le prestaban atención, olvidándolo casi por completo.

Cuando estaba en el último año de la secundaria, viajaba con sus padres a visitar a su abuela, la cual estaba agonizando; al regresar a su ciudad, tuvieron un accidente en el que sus padres fallecieron, quedando entonces Roumsey huérfano.

Los niños en el orfanato eran excesivamente despiadados con él y sí, como ya haz pensado, lo violaron en múltiples ocasiones; todos los niños menores eran los únicos que le tenían compasión y pena. Hubo ocasiones en que tuvieron que llevarlo al hospital más cercano como producto de las seguidas violaciones que sufría y que como consecuencia le desgarraban el ano.

Poco a poco Roumsey se daba cuenta de que hubiera sido mejor jamás haber nacido y cuando estaba a punto de ahorcarse con una toalla realizó que él no podía suicidarse, que haber nacido con esa deformidad no era por puro gusto de la naturaleza y exactamente en el mismo instante en el que llegó a la conclusión de que él era valioso, también se percató de que odiaba a la humanidad.

Al llegar el amanecer con los primeros rayos del sol, Roumsey y los demás huérfanos se vistieron e iniciaron con la rutina diaria, se prepararon para desayunar y fueron al colegio. En la clase de anatomía, el profesor sorprendió a los alumnos con una rata dopada e hizo una demostración de cómo extraer el corazón, los intestinos y el cerebro de una rata, sin embargo la escena que más impactó a Roumsey fue la de la extracción de los intestinos, porque vio como el excremento todavía no deyectado chorreaba cual vómito y conociendo sus manías coprófagas, se le hizo agua la boca.

Durante todo el transcurso del colegio al orfanato, esa imagen de las heces fecales recorriendo el cadáver de la rata estaba en su cabeza, deseaba probar ese tipo de desecho que todavía no había tenido contacto con el exterior.

La clase del profesor de anatomía, intacta en la memoria de Roumsey azotaba sus pensamientos más locos, hasta que llegó la hora de dormir y todos los huérfanos, incluyendo nuestro protagonista fueron a sus respectivas camas.

En medio de la noche, Roumsey se despertó con los pasos de Paul, que tenía aproximadamente la misma edad de nuestro coprófago, además, Paul fue el que hace 5 días había mandado a Roumsey al hospital por otro desgarro anal. Paul ya estaba en el baño más de 15 minutos a lo que nuestro deforme amigo supuso que estaba masturbándose o defecando, esta última palabra cayó como un rayo en la memoria de Roumsey, sin perder tiempo fue a la cocina de puntillas, cogió el cuchillo que pensó era el más afilado y se dirigió al baño, esperó en la puerta unos 10 minutos más hasta que Paul salga de los servicios higiénicos y cuando éste lo hizo, Roumsey amenazándolo con el cuchillo reparó que guardara silencio e hizo una incisión con el arma en la zona izquierda del cuello de su víctima, al poco rato Paul yacía muerto desangrado, Roumsey se dirigió al inodoro y todavía estaban las heces ahí, puso al cadáver en posición de cuadrúpedo, extrajo el excremento del retrete e introdujo el medio kilo de deposición fecal en el ano de Paul; todavía no se sentía a gusto y al oler sus manos colmadas de estiércol sintió que algo se erectaba entre sus piernas, sí amigos míos, también era coprofílico; Roumsey empezó a violar el cadáver de su víctima llegando a eyacular dentro del ano de Paul; sacó su miembro viril lleno de excremento y fue en este momento en el que recordó la clase del profesor de anatomía, como consecuencia, tomó el cuchillo e hizo una incisión desde el ombligo hasta debajo de los testículos, ya no había demasiada sangre, los órganos no se parecían mucho a los de la rata, pero con facilidad localizó el intestino grueso, 3 metros que contenían restos de deposición fecal, Roumsey estaba en el paraíso, o al menos eso pensó, llegó a visualizar el fin del intestino que daba al ano, lo cortó con ternura y vio el excremento que había introducido hace media hora mezclado con su semen, en menos de 5 segundos, esa masa repugnante ya se encontraba en la boca de nuestro querido amigo deforme trastornado.

Al fin Roumsey estaba satisfecho, ahora si puedo morir feliz, pensó; notó que ya eran las 4:30 de la madrugada, no le importó y se quedó dormido junto al cadáver.

Roumsey abrió los ojos y se vio atado a una cama, todos los demás huérfanos tenían un cuchillo en la mano, cuando se aseguraron de que Roumsey esté consciente hicieron una fila, eran 37 adoptivos; cada uno pasaba, le hacía un corte y se iba, quién sabe a donde. Y así fueron 13 cortes en el pecho, 20 dedos amputados, lo castraron, le extirparon las 2 orejas, pero faltaba un niño, tenía miedo, miraba a Roumsey con pena, hasta que alguien dijo: "Mira lo que le hizo a tu hermano", entonces el niño dirigió la miraba a una esquina de la habitación, efectivamente, ahí estaba el cadáver de Paul; meditó por un momento, suspiró muy profundamente y luego de un par de minutos empezó a cercenar la zona abdominal de Roumsey, desde el ombligo hasta debajo de los testículos.

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