viernes, 25 de enero de 2013

Anabelle Zaldumbide, el extraño "hombre prolapso"†


Anabelle es un ser que calificaríamos como hombre, su fisonomía y contextura encajan con la idea que tenemos sobre la masculinidad, pero hay dos detalles que confunden nuestras mentes y las elevan hasta el clímax mismo de la aberración y la perplejidad.

En primer lugar, su nombre corresponde a un ejemplar femenino de la especie humana y es producto del capricho irrefrenable de su ahora desaparecido progenitor. En segundo lugar, su cabeza es un enorme prolapso retráctil que babea constantemente y del cual emergen periódicamente palabras y frases complejas que podrían contener verdades absolutas o simples metáforas destructivas.

Su peculiar morfología no es gratuita, sobre todo si consideramos el hecho de que el mundo donde creció no es precisamente un lugar feliz.

Basta decir que a las 6:00 de la mañana un enorme contenedor rodante de escombros recorre las desoladas callejuelas de ciudad Remembranza capturando con enormes flagelos a los niños mendigos que olvidaron ocultarse por tratar de encontrar alguna placenta, un cordón umbilical o con suerte un palpitante feto en los desechos del Gran Hospital y así tener algo para llevarse a los labios y engañar a la monstruosa anemia que lleva años letárgica pero latente.

En ciertas ocasiones el extraño Anabelle se siente atraído por las bellas danzarinas de tres cuellos que retozan ansiosas en los bordes del Abismo Dentado en espera de que algún ciego pase junto a ellas y lo puedan empujar hacia las húmedas profundidades donde luego de un tiempo de alaridos y regurgitaciones, emergerán viscosos trozos de hueso de los cuales ellas podrían lamer un poco. Anabelle permite que ellas laman su protuberante cabeza y entrega diligente una generosa cantidad de fluidos que las danzarinas liban con deleite.

Mientras tanto en sus tiempos libres, discurre con el buen Zliub quien le narra sus horrendas pesadillas que causan una deliciosa excitación en los atrofiados genitales de Anabelle, él los frota con rudeza mientras de su prolápsica cabeza manan litros de lúbricos fluidos que empapan al pobre Zliub hundiéndolo más en su pequeña miseria.

Así es el diario vivir en el decadente mundo de Anabelle Zaldumbide, el extraño hombre prolapso…

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